Tras mis pasos fui dejando experiencias y caminos
por momentos tan despacio
que pensé: “no puedo, hacia donde voy sin credo”.
Desperté porque dormía en una vida tan estéril,
fe es lo que no tenía
y pensé: “no puedo, hacia donde voy sin credo”.
Hacia donde voy, quise probar
a caminar y las cuestas crecían
continué a la deriva hasta poder arribar.
Desde el Gozo vi las torres, sus campanas anunciaban
Compostela destellaba
y una luz prendía, en mi corazón nacía
una nueva esperanza al cruzar la puerta Santa,
vi el sagrario y vi la vida
y una voz me dijo: ¡te he esperado, Hijo mío!
En Santiago vi a un testigo fiel
que me invita a ser apóstol peregrino
siempre en el camino, un camino de fe.
En Santiago vi, al que anunció
la palabra de Dios, Apóstol peregrino,
siempre en el camino, un camino de fe.